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Capítulo V - Conflicto anglo-español

Si las Malvinas dieron poco que hablar durante tres años(1767-1769) en que fueron simultáneamente ocupadas por España e Inglaterra, confesemos que se desquitaron ampliamente durante los dos años que siguieron (1770/71).
Dejamos a los ingleses establecidos en Puerto Egmont, en la costa sudeste de la islita Saunders. Habían allí levantado un fortín de madera, dado la seguridad existente la transformaron en almacén.
El establecimiento británico estaba separado de Puerto Soledad (Bahía Francesa o Accaron) por más de 180 millas de costas muy recortadas. Podría creerse que, permaneciendo quietos los unos por intrusos y los otros por más débiles, la situación debió prolongarse indefinidamente. No ocurrió así: el gobierno español soportaba la injuria con indignación que presagiaba un estallido próximo. Desde 1766 el Conde Aranda denunciaba los planes de Inglaterra y aconsejaba contrarrestarlos.
Durante 1777 y los dos siguientes, el Ministro de Marina Arriaga multiplicaba ante el Gobernador de Buenos Aires, don Francisco Bucareli, las advertencias sobre el mismo asunto, sin poder aun determinar el lugar preciso del establecimiento inglés. El Rey español Carlos III, tan prudente, llegó a escribir el 11 de julio de 1769 “soporto aun sus insultos (de los ingleses) pero cuando no pueda aguantar más todo saltará”...

Hacia la misma época el Gobernador de Buenos Aires ordenó al jefe de la División Naval de Montevideo, D.Juan Ignacio Madariaga, enviar a las Malvinas la fragata Santa Catalina con dos embarcaciones de débil tonelaje, para reconocer la costa malvinense. La expedición fue confiada al capitán de fragata Fernando Rubalcava quien llegando a Puerto Soledad a fines de enero de 1770, emprendió días después la exploración de la costa Norte de E a O.y el 19 de febrero “descubrió” por fin el puerto de la Cruzada (Egmont), donde estaba anclada la fragata Tamar al mando de Antony Hunt. Al día siguiente, tras una cortés salutación, el comandante español presentó al inglés una protesta por la usurpación, a lo cual el aludido respondió que “estas islas pertenecen a S.M.B. por derecho de descubierta y que estaba allí para protegerlas. ” Fijada la situación del establecimiento inglés Rubalcava regresó a Montevideo.
Sin esperar nuevas órdenes de la Corte, que por otra parte antes la había impartido categóricas, se activaron los preparativos de una expedición armada contra Puerto Egmont, que partió de Montevideo el 8 de mayo al mando del comandante Madariaga. Se componía de cinco fragatas, unos mil quinientos hombres y tren de artillería.
La guarnición inglesa estaba reducida a la corbeta Favourite cuando los españoles el 8 de junio arribaron a Puerto Egmont. Convenida la capitulación, sin resistencia digna de anotarse, y entregado el Fortín bajo inventario, las tropas debían embarcarse con armas y bagajes a tambor batiente y banderas desplegadas, en dicha corbeta inglesa, que las transportaría fuera de los dominios de S.M. Católica. La noticia de los sucesos de Puerto Egmont fue conocida primero en Madrid y luego en Londres, por medio del embajador de España. El estupor y la cólera se acrecentaron cuando la Favourite entró en Spithead y despachó a Londres un correo portador de los detalles.
La guerra parecía inevitable, pues por una parte Inglaterra exigía la más completa reparación y por la otra era poco admisible que España hubiese tomado la iniciativa sin aceptar sus consecuencias. No obstante, el gobierno español sin condenar abiertamente los actos cometidos, procuraba atenuarlos expresando que el Gobernador Bucareli había procedido sin órdenes y por una interpretación temeraria de las leyes de Indias.
Mientras las negociaciones continuaban lentamente, ambas partes se armaban. España contaba en sus proyectos con el apoyo de Francia, pero la decreciente influencia y por fin la caída de Choiseul, primer ministro de Luis XV, que era partidario de la alianza con España, determinó un cambio de frente en la actitud hispana, pues su gobierno tuvo que firmar una declaración en virtud de la cual S.M.Católica manifestaba haber visto con desagrado la expedición, capaz de turbar la buena armonía con S.M.Británica y comprometerse a dar órdenes inmediatas para que las cosas volvieran a ponerse en la Gran Malvina, en el puerto llamado Egmont, en el preciso estado en que se hallaba antes del 10 de junio de 1770.
El documento establece que “el compromiso de S.M.C. de restituir a S.M.B. la posesión del Fuerte y Puerto llamado Egmont no puede y no debe en manera alguna afectar la cuestión de derecho anterior de soberanía de las islas Malvinas, de otro modo llamadas Falkland”.

En el próximo Capítulo VI se avanza con •”Evacuación de Puerto Egmont

 





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