Carlos h. Lenzi
Fundación Patagonia entrevistó al Presidente de SOS Aborigen, médico Alejandro Montagne.
P: Se escucha hablar del Impenetrable chaqueño y Ud. allí trabaja hace 25 años. Su versión.
R: El Impenetrable merece ese nombre. Poblaciones de tobas y de criollos muy pobres.
Las comunidades de aborígenes están muy separadas. Para hacer una docena de kilómetros por tortuosos caminos demoramos entre dos y tres horas. En verano las temperaturas son tórridas.
P: Interesa saber que dio origen a su Fundación.
R: Hace 16 años que trabajamos en el monte con una voluntad de hierro, quedamos asombrados que hay tanta gente con hambre, que lentamente lleva a su destrucción. Causa desolación.
P: Me impresionó su recuerdo de Valentina Fiorito y deseo su relato.
R: Ella no nació en la Somalía, ni en Etiopía, nació en un paraje toba de nuestro Chaco. Cuando la visitamos no tenía lágrimas porque ya estaba en una desnutrición extrema. Ya no está más entre nosotros. Su historia es un drama de todos los días. Es que agua que toman es turbia, van a buscarla en la charquita donde beben los animales, la cargan en bidones y una vez que se asienta el barro la toman.
P: Como médico Ud. debe sufrir pues esa agua produce problemas intestinales.
R: Gestamos el proyecto SOS Agua, que consiste en construir cisternas para todas las Escuelas que visitamos. Tener agua potable fue una bendición. Todos venían a la escuela para llenar sus bidones y deben caminar kilómetros para volver a su hogar. Un sacrificio con felicidad, pues la salud mejoró.
P. Tengo entendido que hay algunos ríos y dígame si son útiles.
R: El río Guaycurá es un río muerto. En 16 años que atravieso el puente nunca vi agua.
Hace tres años hubo una sequía que no se conocía desde hace setenta años y ello generó muchas más muertes especialmente entre los niños. Un espectáculo que paraliza el corazón.
P: Ante tamaño estado perdone le pregunte si tienen electricidad.
R: No hay ni en las escuelas. Cuando llegamos a pueblos o ciudades y vemos como derrochan la energía eléctrica tenemos vergüenza ajena. Un panel solar posibilita poder bañarse con agua caliente en invierno y cocinar sus magros alimentos.
P: Un relato suyo sobre como viven y trabajan los pequeños.
R: Lo hacen desde una edad muy temprana. Cuando ya pueden caminar tienen tareas: picadura de la leña, del algodón, cuidado de los pocos animales. Llega de Resistencia u otra población un camionero y hace descargar en el Paraje Chapayar ladrillos durante ocho horas y les pagó cinco pesos a cada uno. Es la avivada del blanco, diría mejor: es la explotación del aborigen.
P. Escuché que pusieron en acción hace años el plan SOS Escuelas.
R: Creo que el principal aliado de la salud no es el medicamento, sino el cuaderno y el lápiz.
Comenzamos con la vieja escuelita Fortín Bravo, que como todas eran todas barro, convertirlas en material. Seguimos con otras cuya transformación fue bienvenida, pues las otras tenían aberturas como ventanas, sin vidrios y una vez que llevamos alimentos, el maestro nos pidió fuéramos a un ranchito, pues los animales se metían en la escuela y le comían la comida a los chicos.
P: Recuerdo en un programa de Tinelli que una toba bailó para que aportaran para construir baños para los alumnos.
R: Era la escuelita de la Media Luna. Se hicieron baños para los varones y separados para las mujercitas. Ver la caritas sonrientes de esos niños eran como soles Baños con desagües en vez de letrinas. Desaparecen moscas y otras alimañas. Nunca habían visto estos “lujos”.
P: Cuando Ud. comenzó hace 16 años cuéntenos como encaró las curaciones.
R: No había nada de nada. Ni dispensario, ni primeros auxilios. Ni gasas, ni alcohol. Llevábamos
un botiquín con lo esencial. Había que conseguir camillas pues los atendíamos arriba de sillas o de bancos de las escuelas. Trabajamos debajo de un quebracho o un algarrobo. Le robamos un aulita al maestro y tiramos los colchones, que después se donaban, para dormir en el suelo de tierra.
P: Realmente escucharlo siento un frío espinal. Creo que estoy en Äfrica, en un pueblo olvidado.
R: Cuando llegamos con alimentos en cada paraje, familia por familia, puede ver que los aborígenes están muertos de hambre, hay un calor de 40ª, ninguno se anima a arrebatar una bolsa o un kilo de azúcar, a pesar del hambre que tiene seca su garganta. Ellos creen que seremos justos.
P: Relate sobre el analfabetismo tanto en los niños como en la juventud.
R: Cada diez mujeres mayores de 25 años hay nueve que son analfabetas.¿Y cual es el problema?
El hijo de una mujer analfabeta tiene tres veces más posibilidades de morir que el hijo de una alfabeta.
El único camino para sobrevivir es la escuela. Allí el maestro no solo enseña, es amigo, médico, cocinero y portero. Les da de comer y pedaleando los lleva al puesto sanitario Honran a Sarmiento. A las niñas le enseñan como no deben embarazarse y se está logrando.
Quiero finalizar diciendo que no le contestó Alejandro Montagne, fueron las voces de miles de niños aborígenes silenciados por el hambre.
P:A los que se sientan identificados con este relato recuerden ver en Internet;: www.SOS.aborigenes.org.ar
Síntesis de la charla en el Coloquio Internacional “Derechos sociales para todos” UCA.
Para contactarse con
(*) Presidente Vitalicio Fundación Patagonia.
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