María Mosquera de Riva (*)
Cuando vemos y nos preocupamos por los jóvenes que no estudian, ni trabajan, nuestro diagnóstico detectó tres pilares: la educación, el trabajo y el medio ambiente.
El problema se agudiza en el nivel del secundario. Hay más de 250.000 alumnos que son repetitivos, que los coloca a las puertas de la deserción. Hay varios miles que dejan las aulas desiertas porque no se inscriben. Antes casi todos terminaban a los 17 años, ahora el 40% supera esa cifra con holgura. El 60%, una cifra inquietante, no terminan el secundario, solo se recibe el 40% de jóvenes de bajos recursos y se llevan como premio el diploma de bachiller.
Y sigo con cifras, pues ellas reflejan más que las palabras, el drama que nos asola. Casi 400.000 jóvenes de 15 a 19 años abandonan sus estudios y no trabajan. No hay que tener mucha imaginación para ver que su futuro es incierto. Hay excepciones y bienvenidos, aunque son los menos.
Otros 350.000 abandonan sus estudios, no trabajan y tampoco lo buscan, viven a costa del trabajo de sus padres, que hacen malabarismos, por eso cada día baja en la Argentina el índice de nacimientos. Antes era una pirámide, hoy está creciendo arriba.
Si el abanico se abre de 15 a 24 años las cifras suben a 1.250.000 jóvenes que no estudian, ni trabajan y casi un millón pertenecen a las clases pobres. Todo ello nos lleva a que la población activa joven representa el 25% de los desocupados. La debilidad está en el conurbano bonaerense. También en las provincias se padece este mal.
Entre el Estado y la Sociedad Civil hay que trabajar sin desmayos para crear un vínculo entre la educación y el trabajo. Las empresas deben comprometerse a realizar prácticas educativas-laborales, pasantías, para mitigar esta desazón que sufre nuestra juventud.
El objetivo es brindar herramientas y estrategias que permitan a los jóvenes desarrollar sus habilidades para insertarse en empleos de calidad. Si acompañamos a los jóvenes veremos que al descubrir sus propias posibilidades, gestadas por la capacitación, hay un renacer de valores que estaban ocultos y ahora iluminan su futuro.
(*) Secretaria de la Fundación Reciduca.
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