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Proyecto de vida

Carlos H.Lenzi (*)


Hoy vemos que la humanidad pasa de sociedades aisladas a cada vez más conectadas, pero no por eso más unidas, más interdependientes, pero no más solidarias. Del recodado trabajo artesanal nos fuimos vertiginosamente a la tecnología, la informática y la robótica. Es el deseo de transformar lo conocido y preocuparnos  por forjar un mundo mejor.
En los tiempos que vivimos se valoran en su riqueza potencial la mayor presencia de la mujer y de los jóvenes en todas las manifestaciones de la vida social, laboral y política.
La educación permanente significa capacitar al hombre (varón y mujer) como persona en cada una de sus respuesta a la vida. Es el logro de su vocación trascendente. La educación inicial es la mejor educación para gestar su desarrollo en las distintas fases de nuestra existencia.


Hay una función insoslayable de la educación: la transmisión crítica de la cultura. El hombre se realiza plenamente a través de la cultura, que logra su inserción vital, consciente y recreativa en ella.
Necesitamos educar para el cambio, ver e interpretar lo diferente, percibir lo valioso para ejercer y preservar lo nuevo en medio de las vicisitudes.
La educación nos sirve para encontrarnos con el sentido mismo de la vida.
Debe ser personalizada atenta a la cualidad de cada uno en su singular y original presencia en nuestro mundo.  Necesita de la interacción con otras personas, ya que sin ellas no logra su propio desarrollo.
El individuo es una unidad bio-psíquico-espiritual, con una presencia en el mundo, confiada a su libertad y responsabilidad social. Esa promoción personal es su proyecto de vida que es el aporte a convivir en sociedad, autoconstruirse mediante la interacción y responder al llamado de su misión trascendente.
Necesitamos la respetuosa actitud contemplativa ante la naturaleza, el criterio para discernir, logrando la cosmovisión a la luz con convicciones respecto al sentido, valor y uso del poder, de las posiciones, el dinero, la fama, el sexo, el ocio, los medios de comunicación. Es el camino hacia una jerarquía de los valores, que es la búsqueda de la definición y orientación existencial.
En este proyecto de vida el hombre necesita sentirse dueño de elegir, de su hacer, que es el camino de la libertad, que es “su vida” y el bien alcanzado es realmente personal. No solo hay que dejar hacer, sino capacitar para hacer y educar para poder ser. Es que ella es una ardua tarea para ayudar al hombre a superar sus esclavitudes y sus miedos a la libertad, Logra así su crecimiento interior que es descubrir su propio yo en el logro del bien común. En el trabajo se gesta como factor constructivo de su personalidad y del mejoramiento de la sociedad. Es el sentido de la vida, se une a los otros hombres, juntos elaboran el proyecto de vida de la comunidad que es un proceso humanizador.


Rescatemos que en el mundo de los valores cada cual prefiere configura su vocación y lo convierte en uno de los perfiles más identificativos de la identidad. Tengamos nuestro “proyecto de vida” y seremos felices.


(*) Presidente Vitalicio Fundación Patagonia.

 





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