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Los derechos sociales

Monseñor Carlos H. Malfa (*)

Hablar de derechos sociales comprendidos en los derechos humanos significa aquellas garantías que permiten a los hombres (varones y mujeres) ser reconocidos en su dignidad, en su igualdad esencial y en su real libertad.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos da la premisa básica del reconocimiento de la dignidad innata de los miembros de la familia humana, así como la igualdad y lo inalienable de sus derechos como fundamento de la libertad, de la justicia y de la paz de en el mundo. Por ello, como están de razón y conciencia deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

La sociedad democrática no puede contentarse sólo con la tolerancia, sino atreverse a dar el paso al respeto, a reconocer que el otro tiene un punto de vista diferente que merece ser considerado y valorado, manteniendo siempre despierta la búsqueda de la verdad. Así podemos hablar  de una ciudadanía fraterna llamada a convertirse en un estilo de vida, como efectiva justicia social, como participación, como capacidad de organización, como incidencia en las políticas públicas, como toma de decisiones compartidas. De lo contrario podríamos padecer lo que algunos llaman “ciudadanía asistida” o “ciudadanía de contención”, es decir, acciones para contener situaciones graves, pero las personas afectadas en sus derechos continúan sin poder ejercer su “ciudadanía plena”.

Entre las metas del Bicentenario, en el documento: ”Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad”, es que los cuarenta millones de habitantes nos convirtamos en cuarenta millones de ciudadanos responsables.

Siempre nos alegra ver que líderes de otros credos y filosofías avanzan en la misma dirección. El concepto moderno se basa en la dignidad de la persona humana.

Los curas que trabajan en la villas de emergencia lo hacen con el valor de los antiguos misioneros en la entrega de su vida por amor. En algunos casos, como las villas de Retiro con el concurso de los gobiernos nacional y capitalino y de los líderes villeros, se avanza gradualmente en su inclusión social. Hay algo que no podemos aceptar: si aceptamos que la ciudadanía  plena no es para todos, nunca será para nadie. Los pasos dados nos ayudarán a seguir avanzando. Esta es nuestra esperanza.

 

(*) Presidente Comisión Episcopal de Ecumenismo. Relaciones con el Judaismo, el Islam y las Religiones.

    

 





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